Salvajes historias del fin I

Podría ser la noche más salvaje que los astros algunas vez han contemplado. Podríamos ser el caos en esencia pura, las explosiones sobre el manto terrestre y la estela de fuego que atraviesa el cielo nocturno. Bestias escondidas entre los inmensos árboles marrones verdes, los inmensos bloques de hierbas por doquier varias. Maravillosa desconexión descomunal, derramándose su contenido sobre el frío suelo, la tierra húmeda de lluvia en Agosto. Pequeños pasos a donde no hay nada, donde no ves nada. Entonces explota, de nuevo más explosiones colonizan la superficie, nos refugiamos bajo las rocas en medio de una tempestad de violencia, a la mitad entre el acá y el allá. Moriremos escondidos hoy. Todo colapsará  y nos olvidaremos de escribir las mejores historias de romance agrio, la misma repetición una y otra vez. Seremos las cenizas que el futuro verá de vez en cuando como recuerdo amargo de la tragedia y la muerte masiva. Destruirnos mutuamente siempre fue un pasatiempo demasiado usual y favorito. Lenguas atadas y no diremos nada, las tráqueas en el suelo y la garganta abierta por un gran canal de sangre. Ver historias imaginarias que llevan a ninguna parte, al absoluto sentimiento de abandono por nadie, por una existencia abrasadora.

Cuenta gotas de cristal para detener el tiempo y los corazones acelerados, descompás de la respiración en los pulmones, tus riñones dañados y todo marchito. Inmensa predicción de fin nos persigue siempre cuando sea donde sea. 

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