Noche
Llamaré a la noche en medio de la madrugada, justo cuando mis párpados pesen tanto que esté a punto de caer inconsciente y despertar cuando el sol ilumine la ventana. Bonitos rayos de sol justo antes de anochecer. Destruirse mutuamente como si fuera la cosa más inmensamente hermosa en todo el planeta, carne desgarrada y los ojos rojos por las lágrimas, la nariz también. Querer sentir esa melancolía con un día de suave lluvia o de un pálido invierno con un suéter grande y cómodo. Calcetines gruesos. Divagaciones. Cabello alborotado y sonrisas sinceras algunas veces y otras no, corazones cansados de tanto sentir o la escasez. Mirar pantallas en blanco. Saltar de la emoción y encontrar el botón de reinicio o autodestrucción, contenerse para no presionarlo e ignorarlo. Noches cálidas de no primavera sin nada y el sol quemando tu piel. Pediré a la Noche que me esconda, que esconda el rastro de lagrimas y el hilillo de sangre corriendo libremente por la tierra mojada. La gran hoguera está encendida para quemar todos los recuerdos y empezar de nuevo, te faltará algo. Gritaré tanto que los oídos sangraran y las lenguas sin movimiento quedarán hasta la siguiente medianoche. Desvaneciéndose en el tiempo, en el barro y los calcetines sucios de polvo por donde caminas. Luces cálidas. Luces que degollan todo lo que se mueve, respiración entrecortada y un gran abismo entre el acá y el allá. Luces apagadas. Una asfixia en la garganta y los dientes con la lengua azules por la paleta entre azul menta y ese azul arándano falso. Falsa sensación de calor, un frío que llega hasta tus huesos púrpuras. Corazones a la deriva contracorriente.
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