Dulce delirio


Ven a mi ventana, dulce delirio, ven y arráncame las ganas de vivir, llévate el dolor y todas aquellas sonrisas perdidas, llévate todo; déjame como si fuera un esqueleto, arranca todo de raíz y conviérteme en una cáscara de lo que he sido y de todo lo que seré.
Ven a mi ventana, justo como el Viento lo hace, justo de la manera en que azota las puertas contra la pared y su mismo marco; ven, lentamente, sin que lo note, sin que nadie se entere, ni la misma Noche... ven porque últimamente he estado sintiéndome sola, he estado queriendo sentirme mal.
Ven en la noche, cuando las luces estén apagadas y la Madrugada nos cubra con su inmenso manto, cuando solo se escuchen los sollozos después del llanto y la sangre esté seca.
No te sientas mal si me ves llorar, si ves unas profundas ojeras debajo de mis ojos marrones tan comunes, porque he de confesarte que creo estar enamorada de ellas.
Ven cuando esté a punto de quedarme dormida, cuando el sueño ya se esté apoderando de mi cuerpo y mi alma, cuando mis párpados pesen y ya no aguante más, ven a esa hora para que al amanecer estés enterrado en las raíces de mi alma.
Ven, dulce delirio, ven y apodérate de mi alma, haz que mi cordura se pierda y la locura vuelva nuevamente a mi y se instale en mis raíces.

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