Al Viento y una infinidad...
Al viento quiero gritar, soltar todo de una vez y no volver jamás; arriesgarme y que el carmín en mis labios se vea embadurnado en todo mi rostro, principalmente en las comisuras de mi boca. Al Viento le diré que en las mañanas mis ojeras deben verse jodidamente hermosas, de ese tipo de belleza poco común, de ese tipo de belleza que a pocos fascina.
Inspirarme con un par de sonidos, con miradas y otro par de besos, con el espejo todo sucio después de que algo llamado "descuido" le halla azotado como un huracán a las costas. Teletransportarme con una vieja fotografía a un lugar nuevo y extraño, con piedras lisas y redondas a orillas de un precioso lago con neblina purpúrea , con sangre salpicada en su contorno como si un asesinato se hubiese cometido allí.
Que el Viento venga y me destroze entera, que forme a su antojo remolinos con el polvo y con mi cabello, que venga y se instale en la vieja casa a orillas de un bosque con hojas marrones en primavera, que venga con maletas en mano y un viejo mapa en la otra, que venga y me pierda en un infinito laberinto lleno de criaturas tan peculiares y extrañas, sin barrotes en la ventana y un tejado que me asfixie.
En las frías madrugadas de diciembre, sentarme en el tejado más alto y guapo que encuentre para beber café o té, lo primero que encuentre, arroparme con una inmensa manta marrón y gris para mirar más de un centellar de estrellas que reclaman atención y algo de aprecio.
Buscarme detrás del escaparate de la tienda más excéntrica que encuentre, perderme en la fuente sin fondo en el centro del parque.
Que vengan todos aquellos gritos y que me taladren los oídos hasta hacerlos sangrar, hasta que grite y mi garganta sangre, hasta perder la voz en las palabras nunca pronunciadas; que toda esa sangre se hunda en el fondo del océano para volver a vivir, para que más criaturas nazcan de ella.
Que venga la Noche y con un murmullo me lleve.
Inspirarme con un par de sonidos, con miradas y otro par de besos, con el espejo todo sucio después de que algo llamado "descuido" le halla azotado como un huracán a las costas. Teletransportarme con una vieja fotografía a un lugar nuevo y extraño, con piedras lisas y redondas a orillas de un precioso lago con neblina purpúrea , con sangre salpicada en su contorno como si un asesinato se hubiese cometido allí.
Que el Viento venga y me destroze entera, que forme a su antojo remolinos con el polvo y con mi cabello, que venga y se instale en la vieja casa a orillas de un bosque con hojas marrones en primavera, que venga con maletas en mano y un viejo mapa en la otra, que venga y me pierda en un infinito laberinto lleno de criaturas tan peculiares y extrañas, sin barrotes en la ventana y un tejado que me asfixie.
En las frías madrugadas de diciembre, sentarme en el tejado más alto y guapo que encuentre para beber café o té, lo primero que encuentre, arroparme con una inmensa manta marrón y gris para mirar más de un centellar de estrellas que reclaman atención y algo de aprecio.
Buscarme detrás del escaparate de la tienda más excéntrica que encuentre, perderme en la fuente sin fondo en el centro del parque.
Que vengan todos aquellos gritos y que me taladren los oídos hasta hacerlos sangrar, hasta que grite y mi garganta sangre, hasta perder la voz en las palabras nunca pronunciadas; que toda esa sangre se hunda en el fondo del océano para volver a vivir, para que más criaturas nazcan de ella.
Que venga la Noche y con un murmullo me lleve.
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