A las diez, p.m.

Quería explotar, la presión me llevaba flotando de un lado a otro, como extraña muñeca de trapo que no sabia donde le llevaba la marea o el aire, lo que sea. Los anuncios seguían acalambrando mis oídos y el destino era algo incierto, algo que solo podía observar con los ojos vendados dos veces y una tercera.
¿Es que acaso no podía ser yo misma?
La idea del amor propio se clavaba fuertemente en mi pecho y entonces me liberé, si alguna vez estuve realmente cautiva.
Los demonios que han escapado de nuestro interior, de mí propia cueva.
Me pinto desnuda como protesta y como aceptación, y tantas cosas son diferentes que hace un año incluso dos. Ciclos que cerré a la fuerza y otros que no se me opusieron y sigo pensando que no hay nadie detrás de la pantalla, que solo soy una loca que se expone y esta lista para explotar en casi cualquier momento.
Constante flujo de energía.

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