Agosto y buscarte

Te busco en aquel cielo de Agosto, en aquellos días de páginas amarillentas y miradas moribundas. Te busco en el espejo detrás de aquel callejón, entre las calles de mi mente y mi fastidiado corazón; de tus pies sobre la acera. Te busco en las notas inconstantes de aquella canción, en el ritmo lento y tortuoso de tu corazón, aquel que esta a muchos y varios metros de distancia, tal vez kilómetros, qué sé yo.
Los cristales son arena y arena es tu recuerdo en mi memoria; arena que hiere y pica, arena que corroe mis entrañas; arena suave.
Eres como un espejo roto, y no sé si puedas traerme mala suerte, siete años sin saber de ti, sin ver tu sombra. Ocúltate, cariño.
Rómpete y rómpeme, búscame en donde la arena y el agua se separan, donde el aceite le repele y ella se asusta. Búscame y tal vez te encuentre, Agosto es grande, tan grande como nuestros sueños; las ganas de escapar que tengo.
Te busco en las fechas parejas de Agosto. Anhelo encontrarte antes de que sea Septiembre, antes que el Verano acabe y tú y yo no nos conozcamos.
Complicado. Profundo. Misterio.
Se rompe la suela desgastada de mi bota de tanto buscarte, de tanto anhelar verte, aunque sea de paso, no importa si estas del otro lado de la acera.
Un gato guapo ronronea y maulla; mi corazón grita, aún no sé el por qué.
Te busco en el cielo de Agosto, con estrellas y hasta la Luna en todas sus fases. En las líneas blancas de la libreta que llevo a todas partes, o casi todas, y en el suéter que tanto añoro en los días fríos y también en los cálidos.
Te busco en el serpenteante atardecer de Abril, detrás de esa ventana de autobús y en las noches en mi pálida y desordenada habitación, en esas dos canciones que van sobre amor y enamorarse.
Blanco y negro, gris.

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